Bodegas Ignacio Marín

 

 

C O L EC C I Ó N   P R E M I U M   2 0 2 1

Bodegas Ignacio Marín

Hacer grandes vinos es un asunto de familia.
Bodegas Ignacio Marín

Fue en 1903 cuando Ignacio Marín fundó la bodega que lleva su nombre e inició la historia de una empresa que casi 120 años después mantiene las mismas señas de identidad: propiedad y gestión familiar, elaboración de vinos de alta calidad y cultivo de viñedos propios. Así, ya con la cuarta generación al frente, Bodegas Ignacio Marín muestra con orgullo estas claves desde el mismo lema que acompaña a su nombre: “Viñedos familiares”.

“Los grandes vinos se comienzan a diseñar desde las viñas”, recalca Ignacio Marín, bisnieto y copropietario actual, para explicar el exhaustivo estudio que se realiza de cada parcela en función de la altitud, el terreno, el microclima e incluso el tipo de recolección a mano: “Sólo utilizamos variedades nobles, buscando el equilibrio perfecto entre producción y calidad y desarrollando una agricultura integral y ecológica, por respeto a la naturaleza y en beneficio de unas uvas saludables”.

Todos los viñedos están ubicados en las localidades de Encinacorba y Cariñena, en la Denominación de Origen Protegida Cariñena, aprovechando las condiciones del suelo y el clima para la maduración de las distintas variedades características: tempranillo, cariñena, garnacha, cabernet, moscatel y merlot. Campos que son también miembros de la familia y a los que se otorga nombre propio.

El espíritu de trabajo familiar continúa en la bodega, que aúna el característico diseño circular de su sala subterránea de crianza con controles automáticos de temperatura y el trabajo de los enólogos para elaborar y envejecer grandes vinos en los que, desde luego, el espíritu Marín sigue muy presente.

Viña Ángela es una de sus marcas y hasta un apodo familiar da su nombre a los vinos, El Gordo, gama de monovarietales seleccionados, inspirados en la conocida figura de un Marín que dejó su impronta en la D.O.P. Cariñena. “Un vino divertido y sin complejos, con un moderno proceso de vinificación, resultado de toda una vida dedicada al cultivo de viñedos y la elaboración de vinos”, señala su sucesor.

La gama de Bodegas Ignacio Marín incluye además marcas como los gran reserva de Barón de Lajoyosa, con los que se celebró el centenario de la empresa; Ballad, elaborado con cepas de más de 55 años “para conseguir la máxima expresión en la variedad garnacha”; o proyectos como Wine Wings, con el que se colabora con la conservación de la cercana Reserva Natural Dirigida de Gallocanta, conocido punto de invernada de hasta 400.000 grullas, y con el que se quiere remarcar el compromiso con el medio ambiente.

Así, desde la cuarta generación de bodegueros Marín, se quiere seguir apuntalando el legado del nombre: “Nuestras botellas se venden ahora en los cinco continentes y nuestra responsabilidad es seguir poniendo todo el saber y la experiencia de la familia para que se disfruten”.

Bodegas Ignacio Marín

 

 

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Bodegas Ignacio Marín

Hacer grandes vinos es un asunto de familia.
Bodegas Ignacio Marín

Fue en 1903 cuando Ignacio Marín fundó la bodega que lleva su nombre e inició la historia de una empresa que casi 120 años después mantiene las mismas señas de identidad: propiedad y gestión familiar, elaboración de vinos de alta calidad y cultivo de viñedos propios. Así, ya con la cuarta generación al frente, Bodegas Ignacio Marín muestra con orgullo estas claves desde el mismo lema que acompaña a su nombre: “Viñedos familiares”.

“Los grandes vinos se comienzan a diseñar desde las viñas”, recalca Ignacio Marín, bisnieto y copropietario actual, para explicar el exhaustivo estudio que se realiza de cada parcela en función de la altitud, el terreno, el microclima e incluso el tipo de recolección a mano: “Sólo utilizamos variedades nobles, buscando el equilibrio perfecto entre producción y calidad y desarrollando una agricultura integral y ecológica, por respeto a la naturaleza y en beneficio de unas uvas saludables”.

Todos los viñedos están ubicados en las localidades de Encinacorba y Cariñena, en la Denominación de Origen Protegida Cariñena, aprovechando las condiciones del suelo y el clima para la maduración de las distintas variedades características: tempranillo, cariñena, garnacha, cabernet, moscatel y merlot. Campos que son también miembros de la familia y a los que se otorga nombre propio.

El espíritu de trabajo familiar continúa en la bodega, que aúna el característico diseño circular de su sala subterránea de crianza con controles automáticos de temperatura y el trabajo de los enólogos para elaborar y envejecer grandes vinos en los que, desde luego, el espíritu Marín sigue muy presente.

Viña Ángela es una de sus marcas y hasta un apodo familiar da su nombre a los vinos, El Gordo, gama de monovarietales seleccionados, inspirados en la conocida figura de un Marín que dejó su impronta en la D.O.P. Cariñena. “Un vino divertido y sin complejos, con un moderno proceso de vinificación, resultado de toda una vida dedicada al cultivo de viñedos y la elaboración de vinos”, señala su sucesor.

La gama de Bodegas Ignacio Marín incluye además marcas como los gran reserva de Barón de Lajoyosa, con los que se celebró el centenario de la empresa; Ballad, elaborado con cepas de más de 55 años “para conseguir la máxima expresión en la variedad garnacha”; o proyectos como Wine Wings, con el que se colabora con la conservación de la cercana Reserva Natural Dirigida de Gallocanta, conocido punto de invernada de hasta 400.000 grullas, y con el que se quiere remarcar el compromiso con el medio ambiente.

Así, desde la cuarta generación de bodegueros Marín, se quiere seguir apuntalando el legado del nombre: “Nuestras botellas se venden ahora en los cinco continentes y nuestra responsabilidad es seguir poniendo todo el saber y la experiencia de la familia para que se disfruten”.